Estaba tan acostumbrada a soñar con los disparates más delirantes, que cuando abrió las cortinas no prestó atención a la luz cegadora que llegaba desde fuera. Simplemente, se frotó un poco los ojos y dejó la persiana por la mitad. Estaba molida, las noches de luna llena eran especialmente devastadoras. Cuanto más soñaba, más vueltas daba en la cama. Había sonado el despertador y su cuerpo sabía que necesitaba un par de horas más de descanso, pero siguió la rutina habitual porque no ir a trabajar no era una opción.
Todavía con un ojo cerrado, se dirigió al baño y se miró al espejo. Vaya pelos. Era la antítesis del sexappeal. “Esto no lo arregla ni el cirujano de Madonna”, pensó.
Se sentó en la taza del retrete y puso la radio. Pero no sonaba nada. Cogió el transistor y comprobó que estaba en el dial habitual. Lo golpeó un poco, sacó las pilas y las volvió a meter. Nada. Lo dio por perdido, sabía que algún día iba a tener que comprar otro, el pobre tenía más caídas que Lindsay Lohan en una noche triunfal.
Empezó a pensar en el sueño rarísimo que la tenía aturdida, estuvo a punto de quedar embelesada mirando el techo del baño, pero miró el reloj y ya era tarde para relajarse. Se lavó las manos y fue a la cocina a ponerse el desayuno. Tampoco encendía el microondas, ni funcionaba la vitrocerámica…
-Un cero energético, seguro. Caen cuatro gotas y ya Endesa nos deja tirados. Menuda mierda, con lo que necesito el café…- dijo en voz alta.
Se dirigió de nuevo al baño, cruzando los dedos para que el calentador aún conservara el agua caliente y tomó una ducha rápida. Se arregló y salió al rellano dispuesta a coger el ascensor que, como no, tampoco funcionaba. Se quitó los tacones para bajar las escaleras. No se había tomado un ibuprofeno, y eso que lo había pensado, porque el sueño de esa noche le había dejado un dolor de cabeza sordo que no se fue ni con la ducha.
“Efecto secundario del zolpiden… o de la maldita luna llena”, mascullaba mientras llegaba al vestíbulo. Se asomó a la portería y tampoco encontró a Javier en su habitual puesto de ‘vigilancia’.
-¿Dónde estará la vieja del visillo? Justo hoy que quiero que me explique qué ha pasado con la luz.
Rebuscó en el bolso y sacó el móvil. Sin batería…
– ¡Mierda! ¿Puede salirme algo peor hoy?
Se colocó los tacones frunciendo el ceño al notar que le apretaban en el dedo pequeño del pie, y salió a la calle. Las pupilas se contrajeron con la luz y, en el preciso instante en que su vista se acostumbraba a la claridad y se colocaba las gafas de sol, un coche pasó a toda velocidad delante de ella.
-¡Animal!- Gritó –¡Casi me atropellas!- concluyó en el momento justo en que el coche saltaba por los aires como fulminado por un meteorito.
Todavía no había reaccionado ante semejante demostración aumentada de que el karma existe, cuando se fijó en que, lo que parecía una gigantesca plataforma ovalada, se alzaba sobre su cabeza y proyectaba unos focos directamente hacia la calle en la que se encontraba. Fue como un déjà vu. Un pensamiento en forma de flash le vino a la cabeza. En un tan solo segundo recordó el sueño que la había tenido en vilo durante toda la noche. ¡Una invasión extraterrestre!
Todo empezaba a encajar: el cero energético, la radio que no funcionaba, el edificio desierto… El ruido en el exterior empezaba a ser más patente justo cuando alguien la agarró con fuerza del brazo y la empujó violentamente dentro del portal:
-¡¿Qué cojones hace aquí?!- Le preguntó un hombre.
Aturdida, era incapaz de articular palabra. ¿Cómo era posible que sus peores pesadillas se hicieran realidad? Notaba que aquel hombre estaba agarrándola, no es que estuviera inmersa en otro de sus sueños…
-¡Que qué cojones hace aquí?- repitió- ¿Es que no leyó el aviso?
-¿Pe, pe, pero qué aviso? ¡Habían avisado que venían los extraterrestres? Dios mío, no me enteré de nada, llegué de traba…
-¿Qué extraterrestres, ni extraterrestres? El aviso del rodaje de “Strange Things on the 9th disctrict” Acaba de estropear una escena de más de 100.000 dólares en efectos especiales!
El tipo le señaló un papel que colgaba del tablón de avisos frente a la portería y salió del portal con evidente mal humor, mientras se escuchaba por los walkies:
-¡Volvemos a primera!
