Estoy metido en la cama. A esta hora no suelen escucharse ruidos, así es que sólo retumban en mi cabeza los ecos de los sonidos de este día. Mi padre me ha dicho que procure dormirme pronto, que mañana hay que levantarse temprano, pero estoy tan excitado que me cuesta cerrar los ojos. Ha sido el mejor día de mi vida, y estoy agotado. Pero nada, si cierro los ojos sólo veo a los payasos y a los otros niños riendo.
Entra la luz de la luna por la ventanita y, como tengo los ojos abiertos como platos, todavía puedo ver el dibujo que papá ha colgado frente a mí. ¡Cuántos colores! Los payasos nos dejaron un montón de lápices y papel para dibujar. Ahora tengo esa imagen delante y destaca en el gris de la habitación. He puesto tanto rojo y amarillo, y uno de los payasos que he dibujado tiene la boca tan grande y sonriente, que el dibujo da un poco de miedo. ¡Pero qué caramba, es chulísimo! Estoy seguro de que si mi hermana lo viera, querría quedárselo ella. A ella también le hubiesen divertido los payasos. Hacía tiempo, no recuerdo cuánto, que no nos reíamos. Creo que justo desde que ella se fue. Pero hoy, nos hemos reído todo lo que nos faltaba. Ha sido el mejor día de mi vida.

Me doy media vuelta y me acurruco en la cama. Hoy hace frío, así es que tiro un poco de la manta. Raspa. Pero estoy tan feliz que no me importa. Ha sido el mejor día de mi vida.
Sigo con los ojos abiertos. Es imposible que me duerma hoy, pero si mañana no estoy descansado, seguramente que papá no va a ponerse muy contento. Quiere hacer una excursión grande y, mientras nosotros estábamos con los payasos, iba metiendo algunas cosas en las mochilas. No sé, tampoco tenemos tanto que guardar. Ahora no. Pero, hoy, hemos tenido hasta globos. Y uno de los payasos me hizo un perro con uno de ellos. Tenía hasta unas orejas diminutas. Fue mi mascota durante un rato. Luego, lo abracé tanto que se rompió. Lloré. Sí, no ha sido mi mejor momento, pero se me pasó cuando una de las payasas se acercó y me sacó una moneda de la oreja. ¡Y era de chocolate! Me dijo que el Hada de los Dientes le había dicho que me la debía. Es verdad, se me cayó la paleta de la derecha y no pudo venir a dejarme la propina. Imagino que se perdió. Ahora ya no estamos en el mismo lugar que cuando se me cayó el primer diente. Ya me ha dicho papá que no me haga muchas ilusiones, que igual Papá Nöel se pierda también…Menos mal que, definitivamente, hoy ha sido el mejor día de mi vida.
Ahora que lo pienso, en realidad, no quiero dormirme. Quiero alargar el día un poco más. Hacía muchos días que no veía a Wa’el. La última vez, jugábamos a la pelota, y vinieron nuestros padres a sacarnos de la calle. Desde entonces nada ha sido lo mismo. Pero hoy me he puesto muy contento porque los payasos nos han sacado a los dos al escenario para hacer un truco chulísimo. Es que ¡ha sido el mejor día de mi vida!
Me he dado media vuelta para ver si papá ya estaba dormido, pero él también tiene los ojos abiertos.
-Papá. Ha sido el mejor día de mi vida
-Me alegro mucho, hijo. Ahora, duerme, que mañana tenemos un día muy duro.
-¿Por qué no nos podemos quedar aquí?
-Empieza a hacer frío. Dicen que van a cerrar el campamento y tenemos que buscar un lugar más seguro. Ahora, duerme, Alí, es importante que estés descansado.
Vuelvo a darme la vuelta. Aunque sé que papá seguirá despierto, a mí me vence el sueño. Sueño con los payasos, y sueño con mi madre y mi hermana en la cocina preparando un pastel, antes de que empezara todo. Antes de que las bombas destrozaran mi casa y la de los vecinos y se llevaran a mamá y a Aisha. Antes de que empezáramos a escondernos en sótanos y entre escombros. Antes de comenzar la larga peregrinación y antes de terminar hacinados en un campo de refugiados en Jordania. Y me duermo con una sonrisa en la cara. Sin duda, hoy, ha sido el mejor día de mi vida.