Mitoraj, Óscar Domínguez, el TEA y David

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Ayer tuvimos periplo cultural. David visitó por primera vez la exposición de Óscar Domínguez en el Tenerife Espacio de las Artes (TEA) y no quería salir. Incluso se quedó fascinado con la proyección de fragmentos de la película de Miguel G. Morales. Es curioso lo que puede atraer a un niño al arte. ¿Creen que no pueden apreciar la belleza de un edificio o su contenido? Pues están equivocados. «Me encanta este sitio», repetía insistentemente. «Qué peciocidad«, exclamaba con su dificultad para pronunciar aún ciertas palabras. Me apena haberme quedado sin batería en el móvil para sacar fotos de su cara de disfrute.

Claro que, con el TEA es difícil no rendirse. Sólo el edificio, y su fascinante solución de integración en la ciudad, es ya una pieza de arte. Tenemos un museo a la altura de ciudades con mucha más fama como núcleos culturales. Aunque el contenido aún pueda seguir trabajándose, podemos estar orgullosos de esta joya en pleno corazón de Santa Cruz. Hay que resaltar que la exposición de Domínguez es encantadora, interesante y muy bien solucionada para el espacio. Por poner un pero, echo de menos más objetos, que son justo las piezas que más me fascinan de Domínguez, pero existen muy pocos conservados, supongo que de ahí procederá la dificultad para su adquisición. Recomiendo vivamente su visita que, por cierto, para los residentes, es gratuita. La variedad de actividades que alberga este edificio, otro de los aciertos para el aprovechamiento del inmueble, es un punto más a favor: Biblioteca (la infantil, con o sin actividades es un lugar estupendo para pasar unas horas cada tarde), sala de proyecciones, salas de exposiciones de diferentes formatos, oficinas administrativas… Aloja al Centro de Fotografía de Tenerife y una biblioteca de Arte; una tienda, cafetería, sala de estudios…Y todo desprende buenas vibraciones, un lugar acogedor a pesar de su imponente presencia.

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Volviendo al paseo: Per Adriano, de Igor Mitoraj, es -junto al desaprovechado y maltratado Monumento al Gato del propio Óscar Domínguez; el Guerrero de Goslar, de Henry Moore; y la Femme Bouteille, de Joan Miró- una de las esculturas favoritas de David. Tenemos una gran clase de Arte en las calles de Santa Cruz, una oportunidad excepcional de empapar a nuestros hijos de cultura, porque son objetos con los que interactúan fácilmente. Somos, en fin, unos privilegiados. Aprovechemos también para enseñarles la necesidad de respetarlas y mimarlas. Curiosamente, mientras jugaba con ella, le conté a David el nombre del escultor y le comenté que era polaco y, entonces, me preguntó: «¿Y por qué la han puesto al lado de una pagoda?» Comprenderán el ataque de risa cuando me percaté de que, lo que había al lado, era un restaurante chino…;-)
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