Una cicatriz hermosa

imageCuando una espera mucho de algo: una película, una persona, un detergente (que nunca sacan todas las manchas, no se crean nada)…generalmente termina decepcionada. Por eso he aprendido a no crearme demasiadas expectativas con respecto a nada. Cierta ilusión por algunas cosas, pero de manera intuitiva. Es una estrategia como cualquier otra para sobrevivir sin muchas tristezas.

Con El Intérprete tenía un problema grave. Tan grave como que desde que se estrenó, no sé por qué conjuras del destino, siempre me he tropezado con comentarios halagüeños de amigos; informaciones en los periódicos; entrevistas en la radio; tuits alabando a su genio creador.

Lo tenían jodido Asier y su troupe para no decepcionarme después de que me hubiesen asaeteado por todos los lados los ecos de su talento desbordante, las bondades sobre su entretenido y rompedor espectáculo. Y, aún así (o quizás por eso), claro está, compré una entrada para ir a verlo este fin de semana al Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife. Yo sola, cual solterona impenitente cuyo único interés fueran los gatos, por temor a que la indecisión de mis amig@s me fuera a dejar sin entradas, cosa que ya me ha ocurrido con anterioridad.

Así es que allí me fui con mi entrada de la fila 2 (que luego, por esas manías de los responsables de los teatros de añadir sillas delante por si los que jamás pagan una entrada piden su invitación a última hora, resultó ser la fila 4) al lado de un señor que no se había duchado ese día, y de otra señora con más pinta de solterona que yo.

Y nada más empezar ya comprendí que la decepción no iba a entrar en mis calificativos. Ya me recorrió un escalofrío que no se marchó hasta el final. Ya me olvidé de la señora de al lado (que protestaba por el añadido de sillas) e incluso dejé de oler al poco higiénico compañero de butaca. Dejé de estar sola y me convertí en amigo invisible, formé parte de una extraña conjunción de voluntades rendidas ante un único faro.

El Intérprete no es sólo una obra de teatro, no es sólo un espectáculo musical, no es sólo cabaret, no es sólo mimo, no es sólo un monólogo, no es sólo humor, no es sólo drama, no es sólo arte: es la guerra de la vida. El Intérprete es la sublimación de la sensibilidad, del dolor, de la felicidad, de la energía, del placer.
image
Lo siento por los grandes músicos, y el resto de la tropa que lleva Asier para sostener esta producción, sin duda imprescindibles y a los que hay que hacer justa referencia porque sin ellos tampoco habría show, pero es Asier Etxeandía el único e imprescindible, el pilar y la cumbre. El camaleón de voz ronca que hora parece un niño, ahora un lobo y más tarde una porn o una rock star. No es un hombre, es una emoción, es EL INTÉRPRETE. Es él el que consigue transmitir todos sus momentos anímicos a cada uno de los amigos invisibles que quedamos hipnotizados por su presencia nada más salir al escenario. Él el que te raja y te desmenuza por dentro para luego exorcizar ese dolor que conscientemente ha provocado, te marca a hierro y te ayuda a levantarte con una risa histriónica. Es una fuerza de la naturaleza, un subidón en sí mismo; un chute en vena de optimismo y descaro; una droga dura para la que hay que estar preparado porque después de ser probada va a costar mucho abandonarla. Él y su desgaste físico y emocional, ese trabajo que como espectador se agradece, en el que notas que está dándolo todo, que se reinventa y se revienta, que por mucho que lleve año y medio rodando por escenarios de toda España no se ha vuelto rígido, no ha perdido frescura, sino que va adquiriendo carácter y fuerza. ¡¡¡¿Cómo puede salir dos días seguidos al escenario sin necesitar una cura de diez días en un spa?!!! ¡¡Tiene que ser agotador!!!

No vayan a ver El Intérprete si no les gusta que les desnuden el alma y les penetren. No vayan a verlo si les gusta tener el control de la situación. No vayan al teatro, aléjense como de la malaria de este torbellino arrollador, si el placer les parece pecado; si sudar, bailar y disfrutar creen que es cosa del demonio.

Pero vayan a ver El Intérprete allí donde se programe si quieren salir con una sonrisa en la cara, con una recarga de energía, con una cicatriz hermosa. Vayan a verlo aunque antes jamás hayan pisado un patio de butacas u otro espacio escénico, porque espectáculos como estos son los que hacen amar el teatro, la farándula, la vida.
image

Para referencias sobre el contenido de la obra, me remito a la información de la rueda de prensa, recogida en una entrada anterior en este mismo blog:
El Intérprete se sube al escenario del Guimerá

Deja un comentario