Superlunas

Imagen del IAC
Imagen del IAC

Tengo varias imágenes de la grandeza de la naturaleza pegadas a la retina desde que era pequeña, siempre ligadas al mismo lugar, y una de ellas tiene que ver con una de estas superlunas.

Yo debía de tener unos 11 años (como mucho) y subía como casi todas las noches de verano desde el embalse del pueblo de Almendra, en Zamora, caminando por la empinada colina que lleva hacia las casas. El camino, a pesar de la hora, se distinguía perfectamente. Cada guijarro y cada elevación del terreno, cada abrojo del recorrido, que amenazaba tus pies descubiertos, era tan nítido como si aún fuese de día. A la derecha, la amenazante presencia del cementerio se había vuelto anodina, tan sólo cuatro muros y una cruz que a la luz no parecían gran cosa…Y es que, a nuestra izquierda, los leves cerros que enmarcan el embalse, normalmente sombríos, sostenían un enorme foco amarillo, lleno de cráteres. Un rato después, rielaba sobre el embalse. Jamás he vuelvo a ver una luna tan magnífica. Cada verano, durante muchísimos años después de aquel episodio, cuando ya ‘crecidita’ tenía yo mi coche, me acercaba al malecón de Las Teresitas cada vez que se llenaba para observarla sobre el mar. Nada comparable a aquel momento que, con toda probabilidad, he ido idealizando en mi imaginación. Ya les contaré si la de hoy me impresiona tanto o si tendré que volver al pueblo, un año de estos, a verla aparecer tras los altozanos y reflejarse en el embalse.

superluna

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