Hijo de Caín, o el arte de hacerte sufrir en la butaca

Salir impresionada de una película en los tiempos que corren es frecuente. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, hay en las carteleras demasiados efectos, demasiados fuegos artificiales, demasiado ruido que aturde y que envuelve una clara carencia de corazón, de chicha, de sustancia. Los de hoy suelen ser productos que impactan como una explosión nuclear y que, como ella, lo dejan todo arrasado a la postre. Después de eso, no queda nada que decantar y, con el tiempo, la experiencia no se distingue de otra similar pasada en días anteriores. El público se acostumbra a estos impactos y ya difícilmente entra en el cine con ganas de una proyección tras la que quede un poso y que pueda seguir evocándose con el tiempo.Pero eso, precisamente, es lo que pasará con Hijo de Caín: que aquellos que vayan a verla hoy la recordarán pasado un tiempo y aún les evocará el mismo desasosiego y ansiedad que se sufre y disfruta durante su proyección.

José Coronado
José Coronado

Para conseguir este efecto, sin necesidad de artificios ni alharacas, las bazas más sólidas con las que cuenta Monllaó para construir su opera prima son, sin duda, la historia y sus actores. Todos, sin distinción, son verosímiles en sus papeles. José Coronado está, como de costumbre, admirablemente convincente, aunque un tanto sobre actuado de entusiasmo en ciertas escenas. Julio Manrique concede a su papel una credibilidad total en un ejercicio de contención y sobriedad que a mi, particularmente, me ha sorprendido gratamente. Tanto Jack Taylor como su papel están mal aprovechados pero con él, y en su ‘espacio’, se aportan los ambientes más intrigantes e hipnóticos.

Las actrices son, asimismo, simplemente perfectas. Ni un pero a las jóvenes y adorables Abril y Helena ni a la elegantísima María Molins. Y qué escribir de la eficaz Mercé Rovira… Sólo diré (por no hacer un spoiler de la película) que aporta tanta emoción a su papel en las escenas finales que remueve hasta las entrañas del espectador menos empático.

Uno de los aciertos más notables en el casting de esta cinta está en la elección del protagonista, David Solans, un joven y brillante actor que aporta a la estructura del thriller el elemento más inquietante de todo su metraje, que se mete en la piel del turbador Nico y es capaz de hacernos creer a ciegas en su naturaleza de adolescente atormentado.

David Solans
David Solans

Con dirección notable, fotografía brillante y efectiva, música exquisita… Hijo de Caín no es, sin embargo, redonda. Dista de serlo porque hay muchos hilos sueltos en su guión, preguntas que no se resuelven y asuntos que no tienen continuidad. Aporta datos que luego resultan prescindibles; ahonda poco en las supuestas relaciones personales de algunos de sus personajes y, sin embargo, trata de explicar otras de forma torpe e innecesaria. Lo malo del cine, igual que pasa con el fútbol en el que después del partido todos somos mejores entrenadores que el míster de nuestro equipo, es que al final todos hubiésemos escrito un mejor guión y lo hubiésemos dirigido o resuelto de otra manera. Y, sin embargo, el conjunto es más que solvente, inquieta y desasosiega; impacta y sorprende. Y, lo que es más importante: no deja a nadie indiferente.

(Hijo de Caín se estrenó el día 31 de mayo de 2013 en casi 90 localidades de toda España, búscala en la cartelera de tu ciudad y no te la pierdas).

Mercé Rovira, Julio Manrique y María Molins
Mercé Rovira, Julio Manrique y María Molins

Ficha:
Dirección: Jesús Monllaó
Guión: Sergio Barrejón y David Victori
Basada en la novela homónima de Ignacio García-Valiño

Personajes:
José Coronado: Carlos Albert
Julio Manrique: Julio Beltrán
María Molins: Coral Folch
Jack Taylor: Andrew Holseter
David Solans: Nico
Mercé Rovira: Patricia Beltrán
Abril García: Laura
Helena de la Torre: Diana

Sinopsis:
Nico Albert es un adolescente de peculiar carácter, inteligencia excepcional y una única obsesión: el ajedrez. Carlos y Coral, preocupados por la extraña actitud de su hijo, deciden contratar al psicólogo infantil Julio Beltrán. A través de la terapia y de la afición común al ajedrez, Julio se adentrará en el inquietante mundo de Nico y en las complejas relaciones de esta familia aparentemente normal. Descubrir la verdad a tiempo será la única opción para evitar que la esencia del mal acabe dominando sus vidas.

(Imágenes extraídas de la web de la película http://www.filldecain.com)

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