La dignidad en Mirador de Ifara

Les pido un ejercicio de empatía duro. Pónganse ustedes en el lugar de un anciano con una enfermedad neurológica y de una familia con pocas soluciones a su alcance. Piensen en lo difícil que resulta tomar una decisión como internar al anciano en un centro. Véanse a sí mismos buscando el lugar en el que creen que podrán ofrecer mejor calidad de vida al anciano y a la familia, a pesar de que suponga un quebranto terrible para la economía familiar. Y luego, véanse enredados en un lugar en el que nada es lo que parece y pensando que han sido víctimas de una estafa. Díganse a sí mismos: si esto me pasara a mi y pocos me creyeran, si quienes pasan por lo mismo decidieran callar, si las administraciones o los medios dieran poca importancia a la necesidad de conservar cierta dignidad al final de una vida…¿Qué camino tomarían?

En los últimos días, los familiares de Residencial Mirador de Ifara, en Santa Cruz de Tenerife, hemos tenido que asistir, estupefactos, a un rifi rafe entre el comité de empresa del centro y la dirección. Se acusan mutuamente de incumplimientos varios de asuntos que no voy a enumerar ahora mismo. Lo cierto es que, tanto internos como familiares, llevamos mucho tiempo quejándonos de las condiciones de desasistencia a las que son sometidos reiteradamente nuestros ancianos. Quejas internas, insistentes, unas veces procurando no alzar la voz y otras airadamente por ver si de esa manera conseguimos que alguien mueva un pelo y se solucionen asuntos que son sangrantes. Pero nada. La dirección ha estado ausente, impermeable, sorda y muda ante las quejas.

Parece ser que al señor director se le ha sobre protegido. Como un colegial indefenso, sus adláteres han decidido no hacerle llegar ni una sola de las quejas. Al menos, eso es lo que él afirma.

Sea cierto o no, el responsable es el señor Eduardo García del Rey. Biólogo. Ornitólogo, para más señas.

Al parecer, este señor que esgrime su título universitario como garantía de una buena gestión (como si a los ancianos se les pudiera cuidar con alpiste) no es el responsable de nada de lo que ha ocurrido a lo largo del período de su gestión:

  • Muertes prematuras de ancianos.
  • Errores en la medicación (que pudieron acabar con la vida de algún anciano y, como no es comprobable, con toda probabilidad han dado con alguno de ellos en el hospital)
  • Falta de material (ni pañales, ni toallitas, ni guantes para los auxiliares)
  • Falta de estímulos motores y psíquicos (con lo que el anciano poco a poco se va convirtiendo en un vegetal o, lo que es peor, entra en una depresión de la que es difícil hacerlo salir).
  • Ancianos en la cama hasta la una del mediodía.
  • Residentes deshidratados con la excusa de que no piden agua (¿acaso no saben que un anciano pierde el reflejo de la sed?).

El director argumenta negligencia de los auxiliares a la hora de cumplir con sus funciones pero: ¿Qué puede uno decir de un director que tarda dos años en localizar los supuestos cánceres del centro? ¿No es su falta de interés, su dejadez y su desidia, la que convierte a un trabajador en un irresponsable?

Bien, no es solo eso, el trabajador, por sí mismo, debe asumir unas responsabilidades, no vamos a disculpar a nadie pero: ¿Qué puede hacer un sólo auxiliar a la hora de acostar a 30 internos con grandes dependencias? ¿Qué puede hacer un sólo auxiliar para una planta en la que tiene que realizar cambios de pañales y cambios posturales y vigilar por si alguno de ellos sufre una crisis en plena noche? ¿Cómo puede un auxiliar limpiar a un anciano si no dispone de toallitas porque el centro no las proporciona?

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El colmo de la situación se dio hace un par de sábados, cuando se reunió a familiares, residentes y dirección en un salón del centro. Conste que a mi no se me había convocado aunque aseguraron haber enviado un correo electrónico (qué extraño, las facturas me llegan a ese mismo correo, puntualmente, todos los meses). El director culpó al IASS primero (por haber retirado de allí a 24 residentes) y después a nuestras apariciones en los medios (aseguró que, tras las alarmantes noticias en los medios, 20 internos habían causado baja) de la inviabilidad del proyecto. Textualmente, Eduardo García del Rey dijo: “Esto no da ni para chochos. Si ustedes no se quedan y promocionan el centro para que consigamos más ingresos, cerraremos de aquí a diciembre”.

Dejando de lado las formas (de todo punto inapropiadas), el resultado sigue siendo la amenaza. Amenazas de un gestor negligente que en lugar de entonar el mea culpa y poner remedio a todas las irregularidades acusa a los medios de difundir mentiras. La alarma cundió ese sábado entre los familiares, que se ven presos de una situación que pocas veces tiene alternativa. La alarma, de hecho, se había encendido cuando el propio director admitió las carencias del centro. Pero es muy fácil convencer a familiares asustados, sin alternativas viables y abandonados por una administración que hace dejación de sus funciones de vigilancia, de que la solución no está en la denuncia sino en “arrimar el hombro”.

Pero, acaso: ¿No arrimamos el hombro ingresando cada mes unos emolumentos bien jugosos (en nuestro caso casi 1800 euros)? ¿Acaso no arrimamos el hombro ejerciendo una labor de vigilancia y control que debería de estar más que superada?¿Acaso no arrimamos el hombro cuando nos vemos obligados a acudir para dar de comer a nuestros familiares porque, sabiendo que no hay personal suficiente, no nos fiamos de que pueda alimentarse correctamente?¿Acaso no arrimamos el hombro cuando tenemos que ser los familiares los que advirtamos al doctor de la malnutrición de un paciente, tenemos que sugerir ajustes en la medicación (que ante la evidencia son inmediatamente tomadas en cuenta), inclusión en la dieta de batidos proteínicos? ¿Qué clase de seguimiento se hace al paciente cuando un familiar tiene que descubrir las carencias de un paciente y no hay iniciativa para tomar decisiones importantes para su salud?

Tras las reiteradas protestas, como represalia, el centro de mayores ha incrementado la cuota de mi madre en 200 euros escudándose en una supuesta revisión de su grado de discapacidad

Pinzones de Gould. Esa ha sido la respuesta de Eduardo García del Rey a las peticiones desesperadas de los familiares. Ha puesto una jaula en una esquina del patio llena de pinzones de Gould. Que sí, son muy bonitos, maravillosos, seguro que son una alegría para tantos ancianos aburridos que dormitan en los espacios del centro, pero no son LA solución.

Después de pasarse todo el mes de julio y agosto sin actividades y tras las protestas en el centro, Ana, la persona de animación (hace manualidades con los ancianos que aún pueden) ha vuelto. Va dos días por la mañana y tres días por la tarde, en los horarios en los que los familiares suelen visitar a los internos ¿No se le ha ocurrido a nadie que, si bien esa es una opción complementaria, por las mañanas tienen que tener alguna actividad puesto que es el momento en que los familiares suelen trabajar y el anciano está más inactivo? ¿Dónde está la fisioterapeuta que hacía actividades conjuntas para, por lo menos, mantener una cierta capacidad refleja con los ancianos? Les tiraba la pelota, les hacía levantar las manos, cantaba…una mínima actividad cognitiva para que el deterioro no sea tan acelerado, una hora para que se pase menos lenta la mañana hasta la hora del almuerzo…

Han nombrado una gobernanta que por las tardes intenta (o eso dicen) arreglar los desaguisados del día y una auxiliar más para acostar a los residentes en la planta. Ya hubo coordinadores de auxiliares, ya hubo quien supuestamente era responsable del conjunto, pero siempre tiraba la toalla, es imposible cumplir con esas condiciones y, pronto, Eva, se dará cuenta de lo mismo.

Esa es por ahora la mejora, y un ligero aumento del personal auxiliar de noche. Se ve un centro algo más alegre, con más movimiento. No sé cuánto durará la mejoría. Pero ¿Cómo vamos a fiarnos de que vaya a continuar tratando de resolver los problemas cuando nos amenaza con cerrar porque no le da con los ingresos actuales?

¿Por qué no nos vamos?
Esa pregunta me la hizo el director cuando, tras participar en una concentración junto a los trabajadores, intenté entrar de nuevo al centro para darle de comer a mi madre. Me lo prohibieron. Cuando exigí que me dejaran entrar porque es mi derecho al tener a mi madre interna me hicieron pasar por un lateral, una puerta directa a los despachos y, sin posibilidad de acceder al centro directamente, me metieron en el despacho del director. Dos años pidiendo una reunión con él y tengo que hacer una sentada para, por fin, poder confrontar ‘opiniones’.

Métodos expeditivos aparte, su primera reacción fue decirme que mi opción de llevarme a mi madre la tenía abierta. Les voy a explicar a ustedes por qué es tan difícil salir de un centro:
1.- Mi madre ya tiene unas condiciones que no le permiten ser aceptada en cualquier lugar (gran dependiente en silla de ruedas con capacidades cognitivas y motoras nulas).
2.- La adaptación de un enfermo a un nuevo espacio requiere otro proceso traumático que ya pasamos al decidir (erróneamente, claro) que Mirador de Ifara era el lugar apropiado.
3.- Cualquier cambio de situación debe comunicarse a Bienestar Social que, aunque nos ha concedido el grado máximo de discapacidad desde el 2009, jamás ha ingresado un sólo euro para nuestra familia. De hecho, pasar de casa al centro supuso la suspensión del proceso anterior y la reanudación de uno nuevo con el retraso consiguiente. Un cambio podría significar un nuevo retraso.
4.- Por otra parte: si ellos no han cumplido con lo pactado en un contrato en el que nuestra única obligación era pagar mensualmente exigimos, como consumidores, que se cumpla con lo estipulado y con los servicios contratados.

Sí, nos prometen que va a haber mejoras, se aprecia un ápice de movimiento. Se ve que la presión le ha dolido. Ha tenido que mover el culo, ponerse las pilas y cumplir aunque sea mínimamente con lo pactado y, ¿quiénes han sido los afectados? Pues nosotros. A pesar de que el estado de mi madre no ha sufrido variación desde que decidieron que la silla de ruedas era su mejor opción (una decisión tomada por los médicos del centro hace ya un año), nuestra familia ha sido informada, ayer mismo, de que se le sube la cuota mensual de base en 200 euros (más el IGIC correspondiente supondrá unos 2000-2100€ de factura). Qué bonitas tácticas las de la mafia. La represalia y el acogotamiento del ciudadano.

“Ves lo que pasa por protestar” me dice mi padre, de 80 años, cabizbajo “ahora salimos perjudicados”

No sé cuál será nuestra decisión a partir de ahora, cuánto tardaremos en comprobar de nuevo que los auxiliares están desbordados, que en la cocina no hay menús, que vuelve a faltar la fruta, que no hay proteínas en la dieta o que las raciones son insuficientes, pero sí que le puedo decir al señor García del Rey que seguiré al acecho. Porque un gestor negligente y con nulas habilidades sociales como él, se cansa pronto de la lucha. Y yo siempre estoy en la batalla.

Vaya país éste en el que dejamos al poderoso salirse con la suya. Vaya país éste en el que no se respeta la dignidad de los ancianos. Vaya país éste en el que sus ciudadanos no se percatan de que, un día de estos, con suerte, ese anciano, puede ser él.

PD: A los familiares que en la reunión mencionada, después de ser señalada por el director como la causante de todos los males, me tacharon de mentirosa y alabaron la gestión del centro (escasos pero los hubo) sólo les deseo que jamás se vean en la situación de indefensión en la que nos hemos visto mi madre, mi familia y otros residentes. En ese momento, si se quejan, o si protestan, yo estaré apoyándoles. Y que sepan que, si hoy en día experimentan leves mejoras en el servicio, también es debido a que, hartos de que no hubiera reacción, salimos en los medios a denunciar esta situación. A los demás, a los que saben que todo lo que hemos denunciado es cierto, aunque han preferido mantenerse lejos del bullicio mediático, quiero desearles mucha suerte. Espero que sus protestas no acaben como la nuestra, con una subida injustificada de la cuota, escudándose en excusas claramente falaces.

8 comentarios sobre “La dignidad en Mirador de Ifara

  1. Quisiera declarar que puedo constatar que lo dicho en este articulo es CIERTO. Nosotros tambien tenemos un familiar alli y la desverguenza de este director es impresionante. Y el intento de chantaje fue vergonzoso, yo estaba alli. Animo y todo mi apoyo!!

  2. Nada puedo decirte que no te haya dicho ya en persona o por mensaje. Hoy el traumatólogo de la Seguridad Social, tras relatarle nuestro reciente (y pasado y continuo y perenne) calvario nos dijo: «A seguir en la lucha». Qué otra cosa te voy a decir?

  3. Gracias por tu apoyo, nosotros también seguiremos en la lucha el tiempo que haga falta. Nuestros mayores se merecen una vida digna, y los trabajadores unos aunque sean mínimos. Un saludo.

  4. Yo trabajé allí hace algún tiempo, no iba tan mal la cosa, pero ya se veía (y mucho) el andar de la perrita. Han querido hacer negocio con personas mayores, dejando completamente de lado la humanidad.
    Tienes todo mi apoyo.
    Saludos

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